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Soltar la coraza: un viaje de otoño a través del Ayurveda»

28 sept
6 min de lectura

Hoy quiero hablaros de Ayurveda.

Una medicina tradicional con miles de años de historia.

Pero no quiero empezar explicándoos qué es Vata, Pitta o Kapha.


Quiero hacerlo contándoos mi propia experiencia.

Porque hace unos días me tumbé en la camilla de KōAN Sants para recibir un masaje Abhyanga y acabé llorando como una niña pequeña que se había perdido de su padre en un supermercado.


Soltar la coraza: un viaje de otoño a través del Ayurveda

Y ahí entendí algo:

El cuerpo puede expresar cosas que nuestra cabeza cree que ya ha resuelto.


El Abhyanga es uno de los masajes tradicionales del Ayurveda y se realiza utilizando aceites, habitualmente calientes y, en determinadas prácticas, medicados con plantas.


En mi caso, Sandra, mi terapeuta, utiliza un aceite de sésamo medicado.

Y esto es importante porque en Ayurveda el aceite no se entiende simplemente como algo que permite que las manos se deslicen por la piel.

Forma parte del ritual de cuidado.


Especialmente cuando llega el otoño.


Después del calor y la actividad del verano llega una estación más fría, seca, ventosa e irregular.


Ayurveda relaciona estas cualidades con el aumento de Vata.


Soltar la coraza: un viaje de otoño a través del Ayurveda


Soltar la coraza: un viaje de otoño a través del Ayurveda

Y la lógica tradicional es muy sencilla:


Si fuera aparece frío, viento y sequedad, dentro buscamos calor, nutrición, calma y untuosidad.


Por eso también cambia nuestra alimentación.

Quizá nuestro cuerpo ya no nos pide tanto ensalada, fruta fría o alimentos muy ligeros.


Empiezan a apetecer los caldos.

Las cremas.

Los potajes.

Las verduras cocinadas.

Las grasas de calidad.

Los alimentos calientes y reconfortantes.



Y ahora empieza el tratamiento.

Primero me tumbo boca arriba.

Y Sandra comienza por algo que probablemente muchos no habéis visto nunca.

Se llama Nasya.

Soltar la coraza: un viaje de otoño a través del Ayurveda

Nasya es una práctica tradicional ayurvédica en la que se administran preparados a través de las fosas nasales. En algunas de sus formas se utilizan unas gotas de aceite, que puede ser aceite de sésamo medicado con diferentes plantas.


Sandra inclina ligeramente mi cabeza hacia atrás y deposita unas gotas en cada fosa nasal.


Desde el Ayurveda, la nariz se considera una de las principales puertas de acceso a la región de la cabeza, y Nasya forma parte de las prácticas tradicionales utilizadas para su cuidado.



Desde nuestra fisiología moderna podemos explicarlo de una manera mucho más sencilla:

El aceite entra en contacto con la mucosa nasal y ayuda a lubricarla.

Y esto me parece especialmente interesante en otoño, cuando el cambio de temperatura, el viento, la calefacción y los ambientes secos pueden hacer que nuestras mucosas también estén más secas.


Aquí quiero diferenciar los dos lenguajes.

Ayurveda tiene su propio mapa del organismo, desarrollado hace miles de años.


Y la medicina moderna tiene otro.

No necesitamos mezclarlos ni convertir una metáfora tradicional en una afirmación científica.


Podemos aprender de ambos entendiendo desde qué lugar habla cada uno.


Después del Nasya empieza el Abhyanga.

Sandra comienza a trabajar mi abdomen con movimientos lentos y circulares.

Hígado.

Vesícula.

Riñones.

Intestino.

Ombligo.


Desde su lectura ayurvédica y energética va recorriendo diferentes zonas y observando dónde encuentra más tensión, resistencia o dificultad para soltar.


Soltar la coraza: un viaje de otoño a través del Ayurveda

El aceite se trabaja también alrededor del ombligo y sobre todo el abdomen.


Y volvemos otra vez a esa idea de nutrir.

De aportar calor.

De aportar untuosidad.

De contrarrestar la sequedad característica de Vata.


Por eso Ayurveda no entiende el otoño únicamente desde lo que hacemos sobre la piel.


También lo entiende desde lo que ponemos dentro del cuerpo.

Caldos.

Potajes.

Cremas.

Verduras cocinadas.

Grasas saludables.

Comida caliente.

Comida que reconforta.

Comida que, en lugar de exigirle todavía más al organismo, lo acompaña.


Soltar la coraza: un viaje de otoño a través del Ayurveda


Y entonces Sandra baja hacia mis piernas.

Aquí aparece otro mapa corporal.


Desde la mirada energética con la que ella trabaja, diferentes zonas de las piernas tienen correspondencias con otras áreas del organismo.


No significa que anatómicamente nuestra tibia sea nuestro tórax o nuestro gemelo sea nuestro corazón.


Es otra forma de leer el cuerpo.

Y mientras trabaja mis piernas siento algo muy físico:

como si poco a poco fuera soltando una coraza.


Esa armadura que vamos construyendo para poder surfear todas las olas que nos va poniendo la vida delante.


Y en mi caso hay una zona que últimamente parece ir con la lengua fuera.

Mi hígado.


Desde la medicina tradicional china, además, el hígado y la vesícula se relacionan simbólicamente con determinados estados emocionales y con el movimiento de la energía.


Yo llevaba semanas con demasiada actividad.

Demasiado hacer.

Demasiado pensar.

Demasiada rumiación.

Y debajo de todo eso había una emoción mucho más antigua.

El sentimiento de abandono, de no comprensión, de una soledad vivida en silencio.


Una historia que racionalmente está entendida.

Está perdonada.

Está colocada.

Todo está bien.


Pero existen determinadas situaciones que todavía consiguen tocar exactamente aquel botón.


Y cuando ocurre vuelve un dolor que, algunas veces, siento que ni siquiera pertenece a la Irene adulta.

Es un dolor antiguo.


Soltar la coraza: un viaje de otoño a través del Ayurveda

Sandra continúa trabajando.

Y de repente se detiene.


Me mira y dice:

“Ire… tu regla quiere bajar, pero parece que no tiene fuerza.”

Yo no le había dicho nada.


Coge entonces una aguja de acupuntura y trabaja el punto 67 del meridiano de vejiga, situado junto al dedo pequeño del pie.


Y ahí sucede algo que no esperaba.

Siento un dolor intensísimo.

Como un puñal que me atraviesa.

Y empiezan a caerme lágrimas.

Primero unas pocas.

Después muchas.

Hasta que aparece un llanto que no puedo controlar.



Y en ese momento no siento que esté llorando la mujer adulta que está tumbada en aquella camilla.

Siento que llora una niña.

Una niña pequeña que se ha perdido en un supermercado y busca desesperadamente a su padre.

Y lloro.

Y lloro.

Y sigo llorando.


Hasta que ocurre algo.

Siento cómo la zona del ovario izquierdo se relaja.

Como si apareciera un espacio donde antes había tensión.

Un hueco.

Silencio.

Y me quedo tranquila.

En paz.


¿Puedo afirmar científicamente que aquella aguja liberó una emoción que estaba almacenada en mi ovario?

No.

Y tampoco necesito hacerlo para contar lo que me ocurrió.


Porque una cosa es explicar un mecanismo fisiológico demostrado y otra muy diferente es contar una experiencia corporal.

Y aquella fue mi experiencia.


Entré en la cabina de KōAN Club de una manera.

Y salí de otra.

Más ligera.

Más tranquila.


Como si mi cuerpo hubiera terminado de expresar algo que mi cabeza llevaba mucho tiempo intentando comprender.


Antes de marcharme, como es habitual en la terapias de Sandra, me da dos recomendaciones dentro de su enfoque ayurvédico.

Ghee.

Y gomasio.


Me recomienda incorporar una pequeña cantidad de ghee en determinados momentos del día y utilizar el gomasio como recurso alimentario dentro de las pautas que me ha preparado.


Y pienso:

qué curioso.

Después de semejante viaje emocional, no salgo con una lista interminable de cosas.


Salgo pensando en cómo voy a comer.

Cómo voy a descansar.

Cómo voy a escucharme.

Cómo voy a acompañar a mi cuerpo durante el cambio de estación.


Y quizá esta sea una de las cosas que más me fascinan del Ayurveda.

Su mirada preventiva.

No esperar necesariamente a que algo vaya mal para empezar a cuidarnos.

Observar antes.

Escuchar antes.

Regular antes.

Cambiar nuestra alimentación cuando cambia la estación.

Cambiar nuestros ritmos cuando cambia la luz.

Descansar cuando nuestro cuerpo empieza a pedir descanso.


Soltar la coraza: un viaje de otoño a través del Ayurveda

Porque hay algo muy básico que a veces olvidamos:

no podemos vivir igual en agosto que en noviembre y esperar que nuestro cuerpo responda exactamente igual.

Cambia la naturaleza.

Cambia la temperatura.

Cambia la luz.

Cambia nuestra alimentación.

Cambia nuestro ritmo.


Y nosotros también podemos aprender a cambiar con ella.

Ayurveda no tiene por qué sustituir a la medicina moderna.


Ni necesitamos convertir cada una de sus explicaciones tradicionales en ciencia para encontrar valor en algunas de sus prácticas.


Podemos estudiar lo que hoy sabemos.

Cuestionar lo que todavía no sabemos.

Y, al mismo tiempo, recuperar algo que quizá nuestra manera de vivir había olvidado:

Aprender a observar nuestro cuerpo.


Porque a veces creemos que hemos superado algo simplemente porque hemos dejado de pensar en ello.


Pero quizá superar no siempre significa olvidar.

A veces significa poder volver a ese lugar.

Sentirlo.

Escucharlo.

Y descubrir que esta vez…

ya no necesitas quedarte allí.

Y para mí, eso también forma parte de sanar.


Soltar la coraza: un viaje de otoño a través del Ayurveda


Soltar la coraza: un viaje de otoño a través del Ayurveda

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